El humor en el tratamiento del alcoholismo
"En plena tarea con un grupo de pacientes alcohólicos, una persona irrumpió en el salón donde trabajábamos y, asomando la mitad de su cuerpo, preguntó sin pedir permiso: “¿Alguno de ustedes tiene una pastilla para el hígado?”. A lo que un integrante del grupo le espetó: “¿Qué hígado?”. En otra oportunidad, un paciente ciego que pertenecía al mismo grupo me dijo en una forma que no escondía la burla ni el sarcasmo: “¿Sabe por qué tomo mucho? Porque me dijeron que si tomaba mucho, veía doble”.
Estas intervenciones son, hablando con propiedad, humoradas. El humor tiene la particularidad que se refiere a uno mismo, a condición de que entendamos que este “uno” está dividido. El efecto risible tiene como blanco la propia persona (…)
El chiste a diferencia del humor, compromete a un tercero; allí se pone en juego otra instancia. El chiste tiene una técnica, escondida tras el texto que se muestra; en todos los casos el efecto risible aparece tras elsorpresivo remate. El efecto de este chiste, como el de aquellas humoradas, requiere que el sujeto acepte participar en las leyes que lo rigen. En este punto radica su importancia y su valor, además de tratarse de una producción singular que puede abrirnos un camino a la subjetividad.
Lo cómico tiene otro estatuto. La comicidad viene con el tropiezo: a veces cuando alguien tropieza con el decir, no pocas veces cuando el que tropieza es el cuerpo". Por Daniel Altomare
Resto del artículo en Página 12, Argentina.
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