Abuso y dependencia del alcohol, alcoholismo

August 28, 2006

La necesidad de programas seculares en el tratamiento del alcoholismo, parte 2

En un post anterior hacía un planteamiento sobre la necesidad de movimientos seculares en el terreno de los grupos de autoayuda o ayuda mutua para el tratamiento del alcoholismo.

Por seculares entendería no sujetos a la influencia de las ideas de índole religiosa, pues si bien en AA se insiste que se trata de un "poder superior" o un "Dios como cada quien lo conciba",  la literatura del movimiento está llena de conceptos que remiten a la religión. Además, si uno expresa que es agnóstico o simplemente un escéptico, los líderes le salen con unas historietas y frases hechas que desalientan a cualquiera: "acordate de dónde vinimos", "acordate que no estamos por virtuosos", "acordate que sólo no bebemos por la gracia de Dios", etc., etc.

La secularización es un rasgo central de las sociedades modernas, por medio del cual los distintos ámbitos de la vida social y cultural se sustraen a la orientación de las ideas religiosas y se desarrollan de manera autónoma. Como se indica en la Wikipedia:

"El término secularización también designó la progresiva independencia del poder político respecto al poder eclesiástico. En este sentido, secular equivale a laico, es decir, a no-confesional. Con la secularización el Estado deja de ser confesional, se emancipa de cualquier tutela religiosa y se convierte en un Estado laico.
(…) Se refiere a la pérdida de influencia de la religión en la cultura. Si en alguna época estuvieron sometidas a la influencia de la Iglesia, con la secularización, la ciencia, la moral, el arte… recobran su papel, al margen de lo religioso.
(…) Designa la autonomía de la sociedad en general y de sus instituciones (enseñanza, sanidad, asistencia social…) frente a las instituciones religiosas que, tradicionalmente, habían tenido mucho más peso" (secularización, Wikipedia).

 Los movimientos seculares de apoyo mutuo en el tratamiento del alcoholismo y otras adicciones han adquirido mayor difusión en los últimos años a través de Internet. Algunos de estos movimientos que representan alternativas distintas a los grupos de AA son los siguientes:

  • Lifering Secular Recovery. De momento sólo parece tener presencia en el ámbito de habla inglesa. Cuentan con un sitio Web muy completo, que incluye una buena cantidad de información científica sobre el alcoholismo y otras adicciones. Y esto lo pueden hacer porque no están sujetos a esa absurda disposición de las irrevisables 12 tradiciones de los AA, que les impiden "apoyar o defender otras causas", por lo cual no se pronuncian sobre nada y son mudos en el ámbito público.
  • Smart Recovery, que cuenta con información en español.
  • Woman for Sobriety, que parte de una perspectiva crítica de la teoría del "ego inflado" del alcohólico de los AA, pues su fundadora consideraba que esta idea no era aplicable a las mujeres ni a todos los alcohólicos. Se constituyó en el año 1976.
  • SOS (Secular Organizations for Sobriety / Save our Selves) fundado en 1985.

Probablemente se me queden otros por fuera y no incluyo tratamientos que son de moderación y no de abstinencia. Pero me parece que los citados son los principales y sólo el hecho que existan demuestra que las cosas pueden ser diferentes a la ortodoxia y los dogmas semi religiosos que por lo general se imponen en la dinámica de AA. ¿Después de la muerte del fundador de AA Bill Wilson en 1971 se ha publicado algún concepto nuevo, algún libro que no sea reciclar lo ya conocido en Alcohólicos Anónimos? No.

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April 3, 2006

Los siete pecados capitales y los llamados “defectos de carácter”

En el libro de los 12 pasos de Alcohólicos Anónimos existe un planteamiento que relaciona los "defectos de carácter" con los "siete pecados capitales".

La verdad, nunca he creído mucho en ese planteamiento. Me parece que los defectos apuntan a los trastornos de personalidad o del estado de ánimo que pueden afectar de una u otra manera a LOS ALCOHOLICOS. Y reitero los alcohólicos porque me parece que no se debe generalizar. En los grupos a veces algunos miembros o personas que se creen líderes generalizan mucho sobre "el alcohólico".

Personalmente nunca he estado de acuerdo con esta tendencia a generalizar sobre "el alcohólico".

Ni creo que exista ningún ente llamado "el alcohólico" o "la alcohólica".

Lo que existen o existimos somos personas que hemos tenido problemas distintos de dependencia del alcohol y que experimentamos, una vez que no se bebe, con excepciones y diferencias, algunas molestias (depresión, ansiedad, miedos, fobias etc.). Parece que en la actualidad los 7 pecados capitales no gozan de muy buena salud. Más bien algunos, como la avaricia, son cultivados por el sistema económico capitalista o de mercado.

Al respecto copio y pego una reseña de un libro (Los Siete Pecados Capitales, Savater*) publicada en el suplemento Babelia de El País:

Nuevos viejos pecados JOSÉ LUIS PARDO BABELIA - 01-04-2006 Si algo puede darnos una idea acerca de la decadencia de la civilización cristiana es la penosa condición de caducidad en la que se hallan los que en otro tiempo fueron considerados nada menos que "los siete pecados capitales". Prueba de ello es que, en este libro, el diablo, convocado a defenderlos, acaba casi siempre convencido por el filósofo de que le conviene más practicar las virtudes que se les oponen. Definitivamente, vivimos en un mundo en el que la probidad se ha vuelto sospechosa y en muchos casos vergonzosa (como si se hubiera invertido el adagio de Mandeville y ahora las virtudes fueran privadas y los vicios públicos); quizá porque, como decía Georges Bataille, lo sagrado puede difícilmente sobrevivir en un orden del cual ha desaparecido el sentido de la transgresión. Antes de dar con uno solo a quien poder acusar de soberbio o de envidioso, encontraremos a mil y un hombres poderosos que aseguran ejercer sus privilegios como un sacrificio personal y una forma sofisticada de altruismo, o a una masa que se siente orgullosamente autosatisfecha y aparta de sí toda tentación de emulación o admiración. Y, si se trata de la gula, ¿no diríamos más bien que el siglo XXI ha inventado el pecado contrario, ejemplificado a las mil maravillas por la anorexia, el del horror ante la comida como portadora de un riesgo espiritual exteriorizado por el estigma del sobrepeso? Por razones similares, nos resultaría difícil execrar la avaricia en un sistema presidido por el principio del derroche consumista y el despilfarro institucionalizado. Y es esta misma institucionalización de la diversión la que convierte en una misión imposible detectar verdaderos casos de pereza o de lujuria, invadidos como estamos por ese puritanismo difuso que ha convertido la adicción a la laboralina en un vicio que incluso llega a transformar las maneras del sexo en competiciones deportivas, ejercicios gimnásticos u obligaciones sociales. Y en cuanto a la ira, de la que en otro tiempo participó hasta el mismísimo Dios, ha quedado en nuestros días completamente desplazada por la tendencia universal al victimismo y por la cultura de la queja ante las ofensas recibidas, que funciona como una inversión políticamente rentabilísima de capital moral que nos permite aparecer ante los demás completamente "cargados de razón". Así que conviene echar una ojeada a esta exhumación que nos propone Fernando Savater, primero para recuperar la sensatez acerca del significado de aquellos pecados y sacarlos del corsé taxidérmico en el que a menudo los encerraba el catecismo o, al menos, cierta manera generalizada de leerlo que nosotros hemos prolongado en una lectura igualmente superficial de los secularizados códigos de conducta contemporáneos; para comprender, por ejemplo, que el problema no radica en comer mucho o en trabajar poco, sino en que otros tengan que ayunar o que trabajar por nosotros; que no es lo malo fornicar o acaparar, sino dañar a los demás o privarles de aquello a lo que tienen derecho; y que lo grave no es sentirse superior, inferior o colérico ante el prójimo, sino actuar de tal forma que justifiquemos el sufrimiento ajeno por el goce propio. Por este camino es posible que, en segundo y principal lugar, veamos actualizarse el vigor aparentemente trasnochado de estas deficiencias éticas y seamos capaces de darnos cuenta de que no hay peor soberbia que la falsa humildad o de que el fanatismo dietético es una fase superior de la gula. Notaremos, igualmente, que el despilfarro social es la máscara que en nuestros días reviste a la avaricia y que la verdadera ira es la de quienes se pasan el día inflando las afrentas sufridas, que los más perezosos, lujuriosos y envidiosos de entre nosotros son aquellos que nunca dejan de trabajar y que han hecho del placer un cálculo de beneficios que les impide apreciar nada distinto de su propia cuenta de resultados. Y si de este modo no conseguimos rehabilitar la virtud, cuando menos habremos logrado exculparla de los recelos que a menudo la infaman y, sobre todo, entender que, aunque es muy fácil alabar la bondad y condenar el vicio, lo verdaderamente difícil y relevante, hoy como siempre, es distinguir al uno de la otra en un terreno en el que frecuentemente van disfrazados con el traje de su oponente. (Publicado en Babelia, El País)

El libro también está a la venta en Amazon.

Technorati Tags: alcoholismo, rehabilitación, pecados capitales, trastornos de personalidad, trastornos del estado de ánimo

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